domingo, 16 de septiembre de 2018

LA HIPOCRESIA DEL LIBERALISMO


El denominarse liberal puede quedar muy bien, en principio, si nos ceñimos única y exclusivamente a parte del contenido filosófico de esta ideología, tal y como la libertad individual, el libre albedrío, los derechos de las personas, el Estado de derecho, la oposición a los sistemas totalitarios, autoritarios, dictatoriales y al conservadurismo, y un largo etc. más.

Este discurso así difundido y mil veces repetido queda encajado de forma excelente dentro de lo que es una campaña electoral que intenta la llegada al poder para obtener el gobierno de las Instituciones, y así es explotado por los partidos que se denominan liberales y que no esconden su deriva, sino que se jactan de ello en su currículum y lo proclaman abiertamente, escondiendo el resto de su pensamiento liberal.

Pero en esa ocultación, dentro por supuesto del campo del liberalismo económico, y por más que intenten dulcificarlo, es donde convergen totalmente con la derecha clásica conservadora, a la que parece quieren sustituir.

Su posicionamiento en dicho campo les lleva a unificar criterios con ella en todo lo relativo a la no intervención del Estado (laissez faire), a la redistribución de la riqueza, a la  fiscalidad reducida, a la privatización de los servicios básicos, a la austeridad presupuestaria y en fin a que cada palo aguante su vela.

De lo anterior se deduce fácilmente, sin realizar ningún alarde intelectual, que la derecha conservadora y el liberalismo están totalmente confrontados con lo que hasta hace poco llamábamos Estado de bienestar, desgraciadamente en retroceso desde hace unos años, que los partidos de tendencia socialdemócrata habían conseguido.

No nos engañemos, el Estado de bienestar, es decir el acceso a una buena Educación, Sanidad, y Transportes, a Seguridad, etc. (todo ello público), se consigue a través de los impuestos a los ciudadanos, que, eso sí, deben ser justos, progresivos y bien administrados. Pero el empecinamiento en bajar los impuestos a quien los paga y no incidir en imponerlos o subirlos a quien los evita u oculta, que es el caballo de batalla de este liberalismo, nos lleva a la austeridad, a la privatización, al sálvese quien pueda y quien no pueda que se aguante.

Eso es lo que ocultan en su discurso electoralista, además de que su dejad hacer frente al Estado, es solo una pose relativa mientras los beneficios son pingües; cuando llega la crisis bancaria o empresarial son los primeros en pedir la intervención estatal para que les saque del bache: Privatizar los beneficios, socializar las pérdidas.

Lo tenemos aún muy reciente, no se nos olvide cuando nos pidan el voto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario